A pesar de los esfuerzos teóricos de la izquierda internacional, las primeras dos décadas del siglo XXI han demostrado ser mejores sepultureras de la ya vapuleada declaración de Francis Fukuyama, donde sentenciaba “el fin de la Historia” y la aparente universalización del liberalismo. Como estableció el Comité Invisible en 2007, la crisis del orden liberal no es algo que está por llegar, sino que ya está aquí y se encuentra en las periferias marginales de las grandes ciudades globales, en las caravanas migrantes, en la incapacidad de hacer frente a una pandemia, en la brutalidad policial y la constante violencia a la que se enfrentan millones de personas por motivos identitarios y de clase.

No obstante, además del Estado, la ciudadanía tiene como último enclave una institución fundamentalmente liberal: la organización de la sociedad civil; que suponen la oportunidad de que por medio de la movilización de intereses la ciudadanía pudiera verse representada en las ágoras del poder y, de esta manera se consolide una gobernanza que funcione para todas y todos. En un mundo donde el populismo ha traído de vuelta gobiernos conservadores cuyo objetivo es acortar libertades, las organizaciones de la sociedad civil representan el vehículo de la esperanza de la ciudadanía en la construcción de un mundo más justo. Frente a las constantes amenazas a la configuración de una sociedad organizada, el Estado tiene la responsabilidad de ir mano a mano con las OSC para escucharlas, defenderlas y promoverlas. Así, tanto el Estado cuanto la ciudadanía, tienen la responsabilidad de la imaginar e instaurar un futuro en el que quepamos todas y todos.

En este sentido, la probable próxima participación de México en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas representa una oportunidad inigualable para que, de la mano, las OSC y el Estado mexicano colaboren para la construcción de un nuevo orden mundial que haga frente a los golpeteos que el internacionalismo y, en particular, el multilateralismo ha recibido durante los últimos años. Durante la última participación de México en el Consejo de Seguridad, la Dirección General de Vinculación con Organizaciones de la Sociedad Civil fue fundamental para el entendimiento de diversas OSC cuyos intereses se encontraban en los temas que se discutían día con día en el Consejo y en la Asamblea General. Las posiciones del Estado mexicano frente a los grandes problemas internacionales se fortalecieron gracias a la colaboración con OSC cuyo entendimiento de estos temas (particularmente de Derechos Humanos), complementaba y abonaba a la construcción de una política exterior madura.

La agenda temática del Consejo de Oportunidad tiene una variedad de temas en los que la opinión de las OSC enriquecería la posición mexicana frente asuntos como la defensa del Estado de Derecho, el tráfico de drogas y el crimen organizado, el tráfico ilícito de las armas, así como el lugar de grupos vulnerables en situaciones de conflicto. De la misma manera, las circunstancias actuales nos permiten prever que el futuro presentará un sinnúmero de retos imposibles de imaginar y que serán parte de las deliberaciones del Consejo en la que México, como la experiencia histórica demuestra, tiene una gran oportunidad para consolidarse como un actor fundamental en el establecimiento de un nuevo orden mundial en la que la voz de todas y todos debe ser defendida. Finalmente, como diría Marx, “la Historia no es otra cosa sino las acciones de gente que persigue sus intereses”.

Por: Juan Carlos Serio Covarrubias.
Imagen: "Fraternidad", de Rufino Tamayo.